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lunes, 4 de junio de 2012

El hombre armario

Hace poco más de un año, escribí un artículo para un periódico en el que hablaba de una de mis teorías (aunque esta era bastante seria) sobre los beneficios en la industria cinematográfica y en la educación española al optar por emitir, tanto en cine como en televisión, el contenido audiovisual en versión original subtitulada. La llamé, 'La teoría del sujeto acomodado'. En el borrador de ese mismo artículo integraba otra de ellas (algo menos seria pero igualmente fundamentada) que dejaba claras mis preocupaciones por los (¿)actores(?) de un solo registro (el sueño erótico de Stallone hecho realidad en 'The Expendables' y 'The Expendables 2') pero nunca fue mandada a publicar. Se trataba de la teoría del 'hombre armario', AKA 'Keanu Reeves me toca la banana'. 


Es un pájaro... es un avión...
Nick, no cambies nunca.
Como ya avanzaba anteriormente, no es la versión masculina de la 'mujer florero', sino un discurso realizado alrededor de nuestro amigo Keanu Reeves. Obviamente, tiene que ver con los artículos realizados alrededor de actores con parálisis en la cara, como Nick Cage o Kyle MacLachlan, o los 'sin mucho talento pero acaparadores de papeles' como Samuel L. Jackson  (de donde proviene mi conocida teoría de los '3 grados de separación con Samuel') o, de nuevo, Nick Cage. Pero el caso de Keanu es especial. Este tipo, nacido en Beirut y de rasgos exóticos para la industria estadounidense, no es sólo que tenga menos expresividad que una Barbie hinchada a Botox (o Mickey Rourke) ni que haga 'truños' uno detrás de otro que hasta un intolerante a la lactosa se quedaría boquiabierto, es que es el típico intérprete que sirve de atrezzo

Cuando vemos una película de Keanu, nos fijamos en la fotografía, en el decorado, en el vestuario,... y esto es, no porque desviemos la mirada, es porque no molesta. En otras palabras, podía interpretar a un armario, una silla o una mesa, que tendría la misma reacción en nosotros. Dicen las malas lenguas que Michel Gondry le quiso para interpretar el papel de silla en su fragmento de la maravillosa 'Tokyo!' y que se decidió rotoscopiar 'A Scanner Darkly' para hacerle sonreír y mover las mejillas. Sea como fuere, yo, personalmente, me alegro de que este elemento no vaya a interpretar a Spike Spiegel en la, muy probablemente, cancelada 'Cowboy Bebop'. En vez de interpretar a un tipo con carisma, sería más lógico que interpretase a un bonsai.


Grande Pedro Vera :)
Actualización (22/2/2013):
Acabo de encontrar este vídeo y no he podido resistirme a compartirlo con vosotr@s.


sábado, 24 de marzo de 2012

'Think different'. Vol. 1. Decálogo de supervivencia del recién llegado a USA.

Si es que estoy por todos los lados xD
Cuando Gurb aterrizó en el planeta Tierra lo hizo en España (ya era hora de que algún extraterrestre lo hiciese… además de Jorge Sanz y Galindo). Se encontró un montón de situaciones paradójicas y que cuestionaban la razón humana (y alienígena) que apuntaba en su ‘cuaderno de bitácora’. Ahora soy yo el que está en la piel de un Gurb que ha aparcado sus maletas en los Estados (Sórdidos) Unidos y el que a veces se encuentra desconcertado con las cosas que se va encontrando. Muchas de las cuales me recuerdan constantemente a esa famosa frase de Asterix y Obelix, que replanteada en el contexto sonaría tal que así: “estos americanos están locos” (debería ser más concreto y correcto diciendo ‘yankees’ o ‘estadounidenses’, pero la sentencia pierde musicalidad). Y es que para vivir aquí y entender la cultura, hay que tener la mente muy abierta y dejar los valores europeos a un lado. Con esto quiero decir, por ejemplo, que lo que nosotros podamos considerar normal, lógico y verdadero, no tiene por qué tener la misma validez al otro lado del Atlántico. Así que para mejor digestión iré dosificando la información ‘por fascículos’. Para la primera tentativa, he preparando un pequeño decálogo de supervivencia del recién llegado.



Decálogo de supervivencia del recién llegado



1.- No hay verdades universales. Cuando uno sale de Europa, piensa que hay cosas que son inamovibles como, por ejemplo, que todos los cambios horarios del año se hacen al unísono. Gran error. Acabo de sufrirlo el pasado domingo. Tras quedar con mi familia para una llamada por Skype a las 19 horas de España, uno hace los cálculos, le resta 6 horas y llega a la sencilla conclusión que tiene que hablar a la 1 p.m. Eso es así casi siempre, pero aquí las verdades universales no existen, no son inmutables. Resulta que el cambio horario no se realiza el 24 de marzo este año, como pasa en Europa, aquí se realiza el día 11. Y ahí me tenían ustedes a la 1 p.m. intentando contactar con mis padres que no aparecían. Claro, allí eran aún las 18 horas. Del mismo modo, los sistemas de medidas cambian. Aquí la temperatura se mide en grados Farenheit (que no Celsius). No llenas el depósito del coche en litros, sino en galones. No compras un kilo de pollo, sino 2 libras y pico. Las distancias no son recorridas en kilómetros, sino en millas. Las cervezas no tienen 33 cl. sino 12 onzas (son más grandes). La altitud se mide en pies y no en metros. Los terrenos en yardas y no en hectáreas… De este modo, ¿cómo uno no va a volverse loco?

"Yo soy la ficha roja-ja...."

2.- La terminología familiar es muy relativa. Tal vez sea debido a la exagerada proliferación de familias disfuncionales, ya sean divorcios, matrimonios en segundas o terceras nupcias, madres o padres solteros, interracialidad y exclusión social o, simplemente, familias que no se soportan. El caso es que si alguien te presenta a su ‘hermano’ o ‘hermana’ no quiere decir necesariamente que lo sea biológicamente. Con esto me refiero a que es muy frecuente presentar a tu mejor amigo como tu ‘hermano’ sin dar mayores explicaciones. Del mismo modo ocurre con los padres y los tíos. ¿Recuerdan alguna de esas famosas escenas de película donde la madre le dice al niño “este es tu tío… Peter (por ejemplo)” en vez de decir es tu verdadero padre o es el hombre con el que me estoy acostando? A nosotros nos sonará raro, pero aquí está muy naturalizado. Del mismo modo puedes decir “this is my man” para introducir a tu mejor amigo. Algo que a nosotros nos sonaría algo ‘choni’ u homosexual (según que casos) al traducirlo literalmente.

Cruzando en Central Park por uno de los puentes más vistos en las películas, asistí a una propuesta de matrimonio... Lo que no pase aquí...


3.- Los precios no son lo que parecen. Con esto quiero decir varias cosas. Primero, los precios se suelen presentar sin impuestos. En segundo lugar, cuando pagas con tarjeta no necesariamente vas a pagar el precio que te han dicho. ¿Por qué? ¡Tacháaaaaan! ¡Porque ‘hay que dejar’ propina! Sí, incluso cuando pagas con tarjeta. ¿Cómo? Muy sencillo. Te traen un recibo con el precio del servicio consumido, una línea más abajo tienes que poner la propina que dejas y hacer la suma para escribir el total. Anda que no he tenido yo discusiones con esto. No es que sea un rancio y un agarrado, es que me fastidia que si no me dan un buen servicio, encima tenga que darles un extra por hacer mal su trabajo. El otro día me decía un nativo: “¡Pero es parte de la cultura americana!”, a lo que yo le respondí: “También puede serlo tener en casa armas de fuego y no por eso me voy a comprar una pistola”.

Algunos hacen frente a la crisis con creatividad...


4.- El algodón engaña. Es muy habitual encontrarte carteles luminosos para todo: colegios, supermercados, cines, teatros, bibliotecas y, cómo no, Iglesias. Hay una gran cantidad de Iglesias de todo tipo en Estados Unidos: católica, metodista, presbiterianas,… Me sería muy difícil enumerarlas todas y cuáles son las diferencias existentes entre ellas. Lo que sí que puedo asegurar es que alguna que otra da mucho miedo. Lo que por fuera es un templo sagrado por dentro puede ser una secta ‘lavacerebros’. Y es que algunas se aprovechan del excesivo sentimiento de pertenencia a un grupo o comunidad que tiene la cultura estadounidense. Otra de las cosas que más me costó digerir es que las tarifas telefónicas de prepago sean de Easy & Go. En otras palabras, que pagas cuando utilizas el teléfono. Pero ojo, esto tiene trampa, porque no sólo pagas por lo que consumes, sino también por recibir llamadas y mensajes. Algo inconcebible en España me lo he tenido que encontrar en el país del ‘aperturismo’ (véase la ironía). Además, aquí no puedes conseguir un teléfono incluso de prepago sin tener un número de la seguridad social. Y en este punto es cuando pasamos a…

Mieditoooooorrrr...

5.- El número de la seguridad social es Dios. Aquí la sanidad es privada y los precios de tu seguro pueden variar mucho en función de la cobertura. Pero para hacer cualquier trámite o cubrir ciertas necesidades necesitas un número de la seguridad social, algo que sólo puede conseguir un extranjero si tiene un visado de trabajo, ergo, tiene que estar contratado por una empresa para poder solicitar su permiso. Este dichoso numerito te lo piden para comprarte un teléfono móvil, abrir una cuenta bancaria (aunque no es un requisito necesario) y poder tener coche. Y es que puedes comprarte un coche, pero nunca podrás conducirlo. Los seguros obligatorios de coche no son como en España, cuando los contratas tienes que facilitar tu número de la seguridad social (si no lo tienes, no hay seguro) y, en ocasiones, un historial de crédito (que sólo puedes hacer una vez que tengas… adivinen… ¡efectivamente!... ese puñetero número). Una vez hecho esto, te dan tus placas de matrículas personales. Esto quiere decir que cuando cambies de coche te llevas las matrículas contigo.

Bueno, Tom Selleck también lo es. ¡El poder del bigotón!

6.- El ‘refund’ es un deporte nacional. Pese a que la NBA ha ido ganando enteros esta última temporada, los deportes más seguidos en los USA son, sin lugar a dudas, el fútbol americano seguido del béisbol y del hockey. Pero eso sólo es un espejismo. A un estadounidense podrás quitarle su dinero, su casa y su trabajo, pero nunca podrás quitarle su derecho a devolver las cosas que ha comprado. Y es algo que llevan hasta los extremos más insospechados. Ya pueden haber utilizado unos pantalones y llevarlos a la tienda llenos de mierda, que van a exigir que les devuelvan el dinero sin cortarse un pelo.



7.- Culto a la comida. Algo que siempre llama la atención es la cantidad de sitios para comer y anuncios publicitarios centrados en comida que pueden verse en los medios de comunicación. Comer en Estados Unidos puede ser barato si vas a un ‘fast food’, pero si te adentras en un supermercado uno se da cuenta de que la comida ‘fresca’ no suele tener demasiada calidad y es, además, bastante cara. Una libra de tomates (lo que serían 0,45 kg.) cuestan entre 2 y 3 dólares, una bolsa grande de patatas fritas puede rondar los 4, la libra de manzanas los 3, una libra y media de carne de ternera puede rondar los 8-10 dólares  y mejor no hablemos de lo que cuesta el queso…  También es cierto que muchos tamaños de los productos aquí son ligeramente más grandes, pero los precios no se incrementan exponencialmente si comparamos el coste de vida entre ambos países (que no el cambio de divisa).


Puestos de comida y restaurantes... everywhere!

8.- Con nocturnidad y alevosía. Los bares son otro caso de estudio. No solamente porque los horarios son muy distintos, sino porque los hábitos son también bastante diferentes. Hay que tener cuidado cuando pagas con tarjeta puesto que pueden quedarse con ella (normalmente te preguntan) para dejarte ‘la cuenta abierta’. Esto quiere decir que ponen tu tarjeta al lado de tu cuenta y van sumando todo lo que vayas consumiendo. Yo las primeras veces me dejé olvidada la tarjeta en el bar… la falta de costumbre. Al contrario que países como Alemania o Dinamarca, aquí si hay cultura de tomar copas… pero no llega al nivel que tenemos en nuestro país. Lo normal es pedir cervezas. Si es de barril tienes varios tamaños, los más populares son la pinta, el pitcher (algo así como una jarra de un par de litros para compartir) y las tower (que son torres de unos 10 litros de cerveza con dispensador). Estas últimas recuerdo haberlas consumido durante la Superbowl. Nos bebimos dos. Recuerdo haber hecho la broma: “han caído las Twin Towers”, pero nadie se rió… Además, como en España, puedes ir a bares con juegos como el billar o los dardos, pero hay lugares que tienen un juego tradicional que consiste en deslizar cuidadosamente una pieza por una larga mesa de madera con arena para conseguir puntuaciones en función de lo cerca que te quedes del borde… mejor miren el vídeo.

Versión yankee del Banco Popular.


9.- Cambio de hábitos. Las casas suelen ser de madera y de un par de pisos, a no ser que vayas a grandes ciudades donde hay grandes edificios y se usa el ladrillo. Las calefacciones muchas veces se encuentran en el sótano y no hay radiadores, sino pequeñas trampillas por donde entra aire caliente. También es común encontrarte con que las casas no tienen lavadora. Para suplirlo, existen un buen surtido de lavanderías donde por poco dinero (entre un dólar y medio y 5 dólares) puedes hacer tu colada. Pero lo mejor son las secadoras. Meter tu ropa húmeda y recién centrifugada en uno de estos aparatos para que, al terminar el ciclo, tengas tu ropa calentita y seca (y más por el norte que hace un frío para cagarse) sólo es comparable a cuando consigues mear después de una hora aguantándote en pleno estado catatónico (esto es, que se te ponen los ojos blancos y tienes que repetir un mantra para poder contenerte) tras haber andado por la calle mientras nevaba.

Y, por supuesto, aquí nuestro querído invento nacional más famoso tiene un sistema diferente para escurrir el agua...


10.- Lo que allí es oficial, en Estados Unidos no lo es. De hecho, no hay organismos que puedan certificarte oficialmente ciertos documentos. No hay traductores jurados, los notarios no tienen la misma validez legal, todo el relativo. Hay organismos que tienen mayor reconocimiento que otros, pero no existe una unanimidad al respecto. Un ejemplo absurdo de expedición de documentos puede ser lo que hacen las universidades, que te pueden facilitar tu expediente académico oficial e incluso enviarlo a otras instituciones previa solicitud de manera completamente gratuita, pero si quieres pedir una copia tienes que pagar. Del mismo modo, las normas de tráfico cambian. Aquí el que llega primero a una intersección que no tiene semáforo es el que tiene preferencia para pasar. Del mismo modo, es obligatorio dejar giradas las ruedas hacia el lugar donde vas a torcer antes de parar por completo el automóvil. La mayoría de los coches son automáticos y de gasolina. En los exámenes de conducir, por ejemplo, te presentas con tu propio coche y, al aparcar tienes que golpear ligeramente el bordillo para hacerlo correctamente. Nunca entendí porqué en España puede ser motivo de suspenso hacer eso. Con lo fácil y práctico que es ayudarte del bordillo…


No cabe duda que para cuestionarse a uno mismo, lo mejor es vivir en una cultura diferente... Para la próxima entrega dejaré (o no) las peleas de bandas callejeras con la policía en Baltimore, el extremo fanatismo belicista y adoración de sus héroes caídos en las guerras existentes en Washington, el control masónico en Philadelphia,... y, por supuesto, ¡más fotos chorras!. Hasta entonces.

martes, 5 de abril de 2011

Ortonéutica aplicada vol. I: Estudio antropológico del pueblo danés.

Demostración (convenientemente teatralizada) del respeto que profeso al pueblo danés.

Hace unos días me trasladé a Copenhaguen (København para los amigos) para dar unas clases en la universidad. Durante los primeros días de esta estancia, la sórdida investigadora Paula Pastor me hizo llegar un documento de lo más inquietante y, por supuesto, debidamente fundamentado. Se trata del siguiente:

(Imagen de satwcomic.com)

Acompañando a esta imagen el siguiente texto: “Mira, mira! Los de Dinamarca la tienen enana!! :P”. Una persona como yo, que no cree en los estereotipos más allá de que los yankees son todos hijos del diablo y que los españoles somos todos toreros y bailamos flamenco, ante este dato no podía quedarse de brazos cruzados, así que cogí la bicicleta que me habían prestado durante estos días (gracias a mi amigo Lars, y debido a la cual pude ver la ciudad de otra manera) y me puse en camino. ‘Por algo soy ortoneuta, ¿no?’, repetía convencido mientras empezaba a pedalear.


Mi trabajo de campo no fue nada sencillo. Los daneses se ponían más colorados si cabe cuando les preguntaba tomando notas en los baños públicos y tampoco podía fiarme de las perneras. Cómo no querían hablar conmigo en inglés cuando estos casos se daban, me armé de paciencia y utilicé el aprendizaje por observación.

Y comencé la recogida de datos...

La familia real no quedó fuera de mi investigación. Para un buen otroneuta, cualquiera puede ser sujeto de estudio.

Descubrí que el escultor de 'la sirenita' de Copenhague tuvo una erección en 1913. Era danés.

Los daneses tienen erecciones, parecía quedar claro. Pero eso no nos habla del tamaño.
Desde luego, parecen estar obsesionados con ello. Cartel danés de 'Mi vecino Totoro' en la filmoteca. Parece que en danés vecino y nabo es lo mismo... (se me ocurren un montón de chistes fáciles, ¡no los digas, no los digas!)
Parece que no estoy muy convencido...

El resultado de mi estudio es contundente, los daneses la tienen enana… pero no lo que pueden ustedes imaginarse. Me refiero a su memoria.

La memoria de aquellos nacidos en Dinamarca es, ante todo, muy selectiva (o femenina, como se conoce comúnmente). Bajo el estereotipo de perfeccionismo, sentido común y productividad se esconden muchas manchas oscuras que prefieren no sacarse a la luz, ni siquiera en el mismo país. La memoria histórica, por lo tanto, no interesa. Abajo encontrarán algunos ejemplos con una relación directa con nuestro país para evitar partidismos.

Pero ninguno de estos sucesos más o menos conocidos es el que vamos a tratar en este artículo, sino que vamos a fijarnos en un capítulo olvidado de la historia danesa: los niños alemanes de la post-guerra.

Entre 1940 y 1945, las tropas de Hitler ocuparon Dinamarca. Durante ese periodo, los soldados alemanes tuvieron permitido el contacto con el producto nacional. Se estima que en estos años nacieron entre 6.000 y 8.000 niños de padres germanos y madres danesas, de los cuales el gobierno de Dinamarca tiene conocimiento de 5.579 casos en sus archivos. En 1999 permitió el acceso a ellos por si se lograba esclarecer la paternidad de alguno de estos niños. Tuvo que esperarse 80 años de secretismo para que se consiguiera.

Imagen aérea del cementerio de Vestre.

Después de la guerra, decenas de miles de refugiados alemanes, en su mayoría ancianos y niños, fueron a buscar cobijo bajo el manto danés. El gobierno los destinó entonces a antiguos campamentos alemanes o campos de concentración donde los alimentos y los recursos médicos eran prácticamente inexistentes. Tan sólo en 1945, 13.492 de estos refugiados murieron, más de 7.000 de los cuales eran niños que no llegaban a los 5 años de edad. De acuerdo con la investigación de Kirsten Lyllof, más alemanes perecieron en estos campos durante este primer año que daneses en toda la II Guerra Mundial. Pero desgraciadamente la cosa no queda ahí. Lyllof descubrió tras examinar 6.200 certificados y 6.500 tumbas que esas muertes no fueron casuales, ya que la Asociación Danesa de Doctores había decidido en marzo de 1945 que esos refugiados no recibirían ayuda médica de ningún tipo. Ese mismo mes, la Cruz Roja se negó a tomar acciones al respecto, debido al sentimiento público ‘anti-alemán’. Todo ello ocasionó que el 80% de esos niños que buscaron la ayuda del país vecino no sobreviviesen a las enfermedades causadas por la malnutrición. El pueblo danés prefirió olvidar este asunto, pero muchas de esas tumbas se encuentran aún en el cementerio de Vestre, donde terminó mi investigación y de donde procede la última imagen.

887 tumbas de refugiados alemanes de la II Guerra Mundial en el cementerio de Vestre (si quieres ver más fotos del cementerio pincha aquí).