(Artículo que originalmente iba a ser publicado el 23 de Febrero de 2013 en Diario Siglo XXI)
Los fallos de continuidad o de
raccord son aquellos que hacen que dos o más planos consecutivos de una misma
secuencia tengan algún tipo de error de concordancia, algo muy frecuente cuando
hablamos de viajes en el tiempo. Más aún si intentamos ver la coherencia a la
historia a través de las leyes de la física presentadas en la propia película.
No suelen ser consecuentes y, precisamente, eso es lo que les pasa a las dos
películas de esta sección. Looper es un film que se va
disolviendo según avanza la trama. Con un punto de partida muy prometedor, la
llegada del personaje de Bruce Willis al pasado hace que la historia se tambalee,
hasta tal punto que aquellos que intentaban realizar una verosimilitud
espacio-temporal caen en la incoherencia forzando un final imposible. Ninguna
de las interpretaciones es digna de elogio ni tampoco la puesta en escena.
Hablamos de un film que prometía y que nunca llegó a cumplir mínimamente las
expectativas. Mi nota, un 6/10.
El siguiente título es
Men in Black III, un blockbuster sin
pretensiones que presenta un capítulo más de la trilogía. Todo lo comentado en
la película anterior es bien válido para esta, pero con una diferencia, ‘Men in
Black III’ no engaña. Es un film cómico con dosis de acción y efectos
especiales y, como tal, uno no puede ser tan riguroso como con aquellas obras
que venden aire en circuitos más elevados. Cierto es que Will Smith nunca se
encuentra con su yo al viajar al pasado en la escena final y que, pese a estar
herido por el malo de turno (interpretado por el Conchord, Jemaine Clement),
vuelve como una rosa saltándose las leyes de la física que en otros casos sí se
habían seguido a rajatabla. Pese a ello, es un film entretenido, sin más. Mi
nota, un 6/10.
El esclavismo siempre ha
sido un tema que le ha llamado la atención a Spielberg, quien en 1997 ya
dirigió, bajo esta misma temática, ‘Amistad’. Pero también le apasionan los
biopics u obras biográficas, como demostró en ‘La lista de
Schindler’, las películas bélicas basadas en una historia real (‘Munich’,
‘Salvar al soldado Ryan’) o en obras literarias (‘Caballo de Batalla’ y, otra
vez, ‘Munich’), pero sobre todo le gusta hacer películas largas y densas. Así
que, una vez más, este famoso judío se embarca en un proyecto que tiene todos
estos alicientes y que ha recibido 12 nominaciones a los Oscars,
Lincoln. Este film, que trata los últimos meses de la vida
de un héroe nacional como el presidente de los Estados Unidos Abraham Lincoln,
es un producto seguro. Pese a que Daniel Day-Lewis hace un gran trabajo
interpretativo al meterse en el papel del espigado político, casi cualquier
actor que lo hubiese encarnado se llevaría una nominación segura. Es el típico
producto que le encanta a la industria de Hollywood, a los partidos políticos y
a la iglesia. Además, llega en plena conmemoración de los 150 años de la
batalla de Gettysburg, por lo que se ha aprovechado el tirón de esta
superproducción para saturar el mercado con la figura del carismático
presidente (‘Abraham Lincoln: Vampire Hunter’, la burda copia de The
Assylum, ‘Abraham Lincoln vs. Zombies’, y la TV-movie ‘Killing
Lincoln’). El film exige conocer mínimamente la historia norteamericana y
haberse tomado tres cafés bien cargados. El ritmo es mayormente lento aunque
variable y el discurso político no deja respirar. Tal vez, su mayor problema
sea la presentación de un Lincoln forzadamente entrañable que cuenta
batallitas a modo de parábolas, con una inteligencia
superior a la de cualquier mortal que le rodee y con una expresión conciliadora
pero invariable. Spielberg se esfuerza por mostrar el contexto histórico con el
que Abraham tuvo que lidiar para ensalzar la figura de un héroe perseguido,
incomprendido y demasiado avanzado para su tiempo, haciendo a su personaje
bastante edulcorado, en mi opinión. Con decisiones tanto afortunadas como otras
que no lo son tanto, Steven acierta al no mostrar el asesinato de Lincoln. Mi
nota, un 7.5/10.
La otra película que ha explotado
el tema del esclavismo ha sido Django desencadenado, una
película que inexplicablemente se ha llevado el BAFTA al mejor guión original.
Tarantino sigue viviendo de la renta. Enlaza terriblemente mal media docena de
diálogos brillantes y hace una historia larga, mal articulada y evidentemente
incoherente. Está claro que no le interesa hacer un guión decente. ¿Para qué?
Si le van a dar premios por su historial y por tener a los Weinstein a su
espalda. Django es una película bastante pobre y bastante predecible, un cliché
constante que no sigue las reglas que él mismo ha planteado. Agota. Engaña.
Aburre. Últimamente, este señor hinchado no da una, no tiene suficiente con
hacer películas de sangre fácil y violencia gratuita con un argumento trillado
y mal estructurado, es que encima quiere alargarlo hasta el infinito. Ahora,
prepara la tercera parte de ‘Kill Bill’. ¿No habían matado ya a Bill? Sea como
fuere, esta película hace a ‘Malditos Bastardos’ un buen film. Mi nota, un
6/10.
Uno de las estatuillas menos discutidas
es la que, probablemente, se lleve Adele por interpretar el tema central de
Skyfall, y se lo merece. Esta nueva aventura del agente más
famoso del servicio de inteligencia británico mejora, sin duda, el mal sabor de
boca que dejó el tostón infumable de ‘Quantum of Solace’. La gran actuación de Javier
Bardem
interpretando a un ex agente rubio platino que hará las veces de antagonista de
Bond, unida a la indestructibilidad y la chulería machista de éste, hace que
uno se ponga en el bando del carismático villano. Precisamente, la
inverosimilitud de algunas de las secuencias mostradas y del desarrollo
argumental, y de un final de lo más patético visto en el cine de acción de gran
presupuesto, hacen de ‘Skyfall’ una película ‘tan sólo’ entretenida. Mi nota,
un 7/10.
El turno es ahora para una
de los films más controvertidos el pasado año, La noche más
oscura, que cuenta el seguimiento, incursión militar y asesinato de
Osama Bin Laden por manos del servicio de inteligencia de los Estados Unidos de
América. Recordando mucho a ‘Syriana’ y a la serie ‘Homeland’, Kathryn Bigelow vuelve a dirigir una película
de corte militar, como ya lo hiciese con ‘En tierra hostil’. Esta pieza, bien
estructurada y documentada, cuenta con grandes interpretaciones que, como era
de esperar, no evitan la sensación de tedio por su elevada duración. En este
caso, parece completamente gratuita, ya que hay momentos en los que las escenas
se alargan mucho más de lo necesario. No obstante, una película recomendable.
Mi nota, un 7/10.
Por último está
Argo, una película sencilla y digerible de la que yo no me
esperaba mucho por ser Ben Affleck quien la protagonizaba y dirigía. Me
sorprendió agradablemente. No es extraño que, de los films que están nominados
a los Oscar como ‘Mejor Película’, ésta suene con gran fuerza. Cierto es que no
es espectacular ni memorable, pero este año, como anteriormente se comentaba,
hay que conformarse con lo que hay, que es más bien poco. Basada en una
historia real y en la novela del mismo nombre, todos los personajes se parecen
mucho a sus originales menos Affleck, como no podía ser de otro modo, en un
ejercicio de egocentrismo bastante inadecuado. La trama es sencilla, la
embajada estadounidense en Irán ha sido tomada por un grupo rebelde, secundado
por la mayoría de la población, que protesta contra la política de Estados
Unidos de dar asilo a su antiguo dictador y genocida, el cual había sido alzado
en el poder por los norteamericanos y derrocado por una revolución popular tras
muchos años de barbarie. Seis trabajadores de la embajada logran escapar a la
de sus aliados canadienses, el resto permanecen secuestrados en el edificio.
Las semanas pasan y el conflicto se agrava, los controles se agudizan y el
margen de acción del gobierno americano para sacar de allí a sus compatriotas
es casi nulo. En pleno apogeo de las películas de ciencia ficción como ‘Star
Wars’ y ‘Star Trek’, el experto en negociación encargado de la operación de
salvamento, decide entrar en el país haciéndose pasar un productor en busca de
localizaciones para una nueva película y, de este modo, conseguir sacar a los
refugiados como miembros de su equipo. Mi nota, un 8/10.
Cuando en narrativa hablamos
del ‘arco de transformación de un personaje’ nos referimos al grado de
modificación de la conducta de este y sus motivaciones desde el principio hasta
el final de la obra. En esta sección, he elegido dos películas que tratan
precisamente de eso, del cambio. En The Master, Joaquin
Phoenix interpreta a Freddie Quell, un veterano de la marina que padece un
desorden de estrés post-traumático que le provocan un comportamiento
impredecible y una serie de alucinaciones. Esto, unido a la falta de
tratamiento para su enfermedad y su afición a la bebida (y a preparar cócteles
con cualquier cosa que se le ponga en frente) lo convierten en una bomba de
relojería. Una noche, se cuela como polizón en un barco donde celebran una
fiesta, lo que le llevará a conocer a Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman),
el líder de una secta llamada ‘La Causa’. Desde ese momento, Lancaster
trabajará con Freddie intentando cambiar su conducta a base de regresiones
hipnóticas y ejercicios de coordinación. El punto fuerte de este film es,
aparte de sus excelentes interpretaciones, el morbo que despierta el que esté
basado en el origen de la Cienciología y en sus principales artífices (todos los
personajes que giran en torno a ‘La Causa’ tienen su correspondencia en la
realidad). Por lo demás, la película no tiene mucho que ofrecer. A veces
confusa, otras aburrida, se podría decir que, en la escala de calidad de Paul
Thomas Anderson, ‘The Master’ se situaría entre ‘Pozos de Ambición’ y
‘Magnolia’. Mi nota, un 7/10.
Las
Sesiones es un film sencillo, entretenido y efectivo. Un ejemplo de que a veces menos es más. Cuenta
la historia de Mark O’Brien (John Hawkes), un periodista minusválido de 38 años
de edad con un pulmón artificial que pretende perder su virginidad con la ayuda
de un cura (William H. Macy) y una terapeuta sexual (Helen Hunt). Basado en un
artículo que escribió el propio O’Brien, la situación dramática de partida es
transformada en una comedia entrañable. Una lección de cómo lo trágico y lo
cómico beben del mismo pozo. Mi nota, un 7.5/10.
En el otro extremo tenemos a
una película pretenciosa y sobrevalorada. El lado bueno de las cosas
no es ni original, ni está bien estructurada, ni tiene ‘tan buenas
interpretaciones’ (el mejor, sin duda, Bradley Cooper). Es una película ‘normalita’ que, de no haber
movido hilos los todopoderosos Weinstein, hubiese pasado sin pena ni gloria. La
trama gira en torno a Pat (Cooper), un hombre que acaba de salir de una
institución psiquiátrica donde estaba internado para tratar su desorden
bipolar. Con la esperanza de recuperar a su esposa, a la que encontró en la
ducha con un compañero de trabajo al que, finalmente, dio una paliza, se pone
en forma e intenta superar esos estados violentos. En una cena con unos amigos,
conoce a Tiffany (una viuda que combatió el dolor de la pérdida a base de acostarse
con todos sus compañeros de trabajo), la cual se interesa (inexplicablemente)
por él y decide acosarlo. Ella convence a Pat para que la ayude a entrenarse
para un certamen de baile y para que participe como su pareja, a cambio, ella le
entregará una carta a la mujer de Pat, quien no puede acercarse a ella por una
orden de alejamiento. Al final, el baile acaba sirviéndole a ambos de terapia llevándoles
a enamorarse. Nada inesperado. Los puntos fuertes son la inclusión del número
musical y el cambio de registro que sufre Cooper, sobresaliente en su
interpretación. En cambio, sus grandes fallos de guión, la construcción
gratuita de personajes excesivos (y alguno de ellos, prescindibles
completamente), una Jennifer Lawrence que no cumple las expectativas (no es
creíble y mucho menos merece un Oscar), un De Niro flojo, poco convincente y con
exceso colirio, un gran número de gags manidos y situaciones forzadas nada
naturales (por mucho que nos lo quieran vender), hacen que mi nota sea un
6/10.
Un ejemplo de ello es
Lo imposible, una película sin pies ni cabeza articulada en
forma de sketches de sangre y sufrimiento en una historia
que se resume en una línea: los miembros de una familia estadounidense se
separan tras sufrir un tsunami y, entre el caos general, intentan volver a
reunirse. Punto y final. No es necesario apurar casi dos horas metiendo relleno
y forzar situaciones que no llevan a
ninguna parte. Juan Antonio Bayona ganó el Goya al mejor director con esta
película. Talento para la plasmar lo escrito en la pantalla tiene, eso es
indudable, pero su falta de personalidad y sus carencias en la construcción de
los discursos narrativos lo han llevado a que ninguno de sus largometrajes funcione.
Este señor dijo en Twitter lo siguiente: “Madre mía! Si hiciera caso
a los críticos que he leído hoy me perdería dos pelis estupendas! Flight y El
Lado Bueno de las Cosas.” Viendo el desbarajuste de película que ha
hecho, no me extraña que le encantasen estos dos despropósitos. Mi nota, un
5/10.




